La caja que cuenta la historia del tomate.
Tomate de Pera Rodrigo es una de esas marcas que viven en la memoria del campo. Un producto profundamente ligado a la tradición murciana de la conserva casera, al trabajo de temporada, a ese ritmo de verano que huele a huerta, sol y familia. Sin embargo, su identidad visual había quedado atrás respecto al valor real del producto: un tomate reconocido por su calidad, por su uso especíco y por un proceso que involucra a agricultores, clientes y hogares durante todo el año.
Por eso este rebranding nace con una idea muy clara: entender la caja no como un simple envase, sino como el hilo conductor de toda la marca.
Porque esta caja es testigo de un ciclo único: viaja del agricultor al cliente, guarda los tomates frescos, acompaña la elaboración de la conserva y, llena de tarros, vuelve a manos del agricultor para comenzar de nuevo. Un viaje circular y sostenible, que merecía ser el centro de la identidad.
La nueva imagen utiliza la silueta de la caja tradicional como símbolo principal, enmarcando el nombre y reforzando la idea de continuidad, de ocio y de retorno. Una marca que no pretende modernizar por modernizar, sino actualizar la tradición, dándole presencia, solidez y un lenguaje visual coherente con la realidad del producto.
El logotipo original, amable y cercano, evoluciona hacia una identidad más contundente, pensada para funcionar en campo, en puestos, en redes y, sobre todo, en las propias cajas que representan la esencia del proceso.
Una tipografía más rme.
Un trazo que recuerda al embalaje agrícola.
Una composición que respira autenticidad.
Este rebranding —aunque no ocial— pone en valor lo que Tomate de Pera Rodrigo realmente es:
producto honesto, agricultor auténtico y una tradición que se conserva, literalmente, año tras año.